La Pastoral obrera, tarea de toda la Iglesia

José Antonio Margüello

Secretariado para la Pastoral Obrera y del Trabajo

“El trabajo humano, principio de vida”. Este es el título de un librito editado por la Conferencia Episcopal Española, resultado de las reflexiones llevadas a cabo por un equipo de colaboradores del Departamento de Pastoral Obrera.
Que el trabajo humano sea principio de vida es el objetivo más profundo, el horizonte que nos marcamos y la tarea a la que nos dedicaremos desde el Secretariado de Pastoral Obrera y del Trabajo como servicio a la comunidad eclesial y social.
Trataremos de conocer más y mejor la realidad del mundo del trabajo, estar atentos a lo que les pasa a los trabajadores, detenernos en el camino y ser uno de ellos.
Ya conocemos muchos casos de jóvenes que tienen que emigrar porque no encuentran trabajo en nuestras tierras, dejando tras ellos una población envejecida; personas mayores de 50 años en paro y sin ninguna esperanza de reanudar sus vidas laborales, con las consecuencias de pérdida de autoestima, no poder dar lo necesario a sus familias, ver reducidas al mínimo sus pensiones futuras; personas que entran y salen del “mercado” laboral; mujeres, en su mayoría inmigrantes, empleadas de hogar, sin contrato, sin horarios; pequeños autónomos que tenían una pequeña tienda familiar y que han tenido que cerrar porque no pueden “competir” con las grandes superficies; trabajadores con sueldos míseros. Todas estas situaciones y otras muchas nos dan una idea real de la situación laboral en nuestra provincia.
No podemos olvidar la importancia que tiene la vida laboral para las personas, para todas las personas y sus familias. El tiempo laboral ocupa más de 40 años de su vida. Además de las condiciones en las que se desarrolla, este tiempo influye en todos los órdenes de su vida, sus relaciones, su bienestar, tener o no satisfechos sus derechos. Pastorear, cuidar a la persona trabajadora es pastorearla, cuidarla desde un aspecto fundamental de su existencia.
Existe una causa común por la cual acontecen todas las situaciones anteriormente descritas: la persona no es el centro y el sujeto de la vida económica, el trabajo humano no es principio de vida. Vivimos en un mundo dominado por intereses particulares en el que los poderosos imponen sus criterios, sus estilos de vida, su cultura, su manera de entender lo que es el ser humano, mejor aún, quién es el ser humano, y que se reduce a comprenderlo como productor y consumidor, sin tener en cuenta sus necesidades materiales, culturales, espirituales, todas ellas necesidades vitales para su desarrollo y plenitud.
Así los y las trabajadoras perdemos una de las mayores cualidades del ser humano como es la de ser colaboradores de Dios en la obra de la creación.
Este es nuestro mundo, al que pertenecemos y al que estamos llamados a evangelizar, participando junto a otros en su transformación para adecuarlo a los planes de Dios. En este sentido ya hay muchas personas, muchos grupos sociales que están remando a contra corriente: empresas cooperativas con fines sociales, alternativas, de consumo ecológico, eléctricas, banca ética; productores que respetan el medio ambiente; sindicatos que intentan recuperar derechos perdidos; personas solidarias, generosas, comprometidas.
Aquí está también la Iglesia ofreciendo su cultura de vida, forjadora de hombres nuevos, inmersos, como levadura en la masa, en medio de esta sociedad. Es aquí donde hemos de estar los cristianos para llevar la Buena Noticia de Jesús a nuestros ambientes de trabajo, a nuestras instituciones, a nuestros barrios, a nuestras organizaciones. Esta es la tarea de la Pastoral Obrera y del Trabajo, esta es la tarea de toda la Iglesia. Es la Iglesia con sus parroquias, sus arciprestazgos, sus comunidades la que está llamada a la misión de evangelizar el mundo obrero y del trabajo.
El Secretariado de la Pastoral hemos de ser, con toda la humildad del mundo, impulsores, animadores, los que vayamos delante, pues éste es nuestro servicio y nuestro encargo, pero sintiendo el calor, el aliento, el compromiso de toda la comunidad. Nos esforzaremos para que la Iglesia, toda ella, nos abramos cada vez más al mundo del trabajo, eliminando recelos mutuos, haciendo nuestras sus preocupaciones. Intentaremos que la Iglesia ame al mundo obrero y que éste la perciba como verdadera madre.

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