Leer palabran que curan

Ricardo Fernández

“Al abrir un libro nos sumergimos en diferentes historias hasta olvidarnos de la nuestra. Otras veces llegamos a descubrir cosas de nosotros mismos a través de sus personajes. Una buena lectura puede ser el mejor refugio donde aliviar nuestra alma y un antídoto contra las adversidades” Marta Rebón

La biblioterapia es una disciplina que inicialmente utiliza la relación de las personas, con la forma y el contenido de libros, como recurso terapéutico. Eso es lo que estamos haciendo un grupo de personas. Leemos juntos en voz alta, durante una hora a la semana, textos que tienen vida y que nos ayudan a navegar por el mundo, a hacer flexible nuestros juicios, a conocer qué se cuece por ahí fuera, a asomarnos a palabras sabias escritas y pensadas por sabios del mundo. Leemos palabras escritas por otros que se hacen preguntas y buscan, por otros que cuentan experiencias vividas saludables, por otros que aprendieron a convivir con las heridas de la vida, con otros que no se conforman con lo sabido.
Leemos juntos para ayudarnos a no vivir quietos, sino inquietos; para estar despiertos cuando alumbran los susurros de la vida. Leemos juntos para prestarnos las fuerzas y la sabiduría, para no sucumbir, para estar vivos, para afinar la observación, para encajar los golpes, para engrasar las neuronas, para navegar gratis y sin movernos del sitio.
Entre las bondades de leer, la primera, por obvia que parezca, es llegar a conocernos mejor. Con un libro entre las manos empatizamos con otra gente y con otras maneras de pensar. La lectura, decía María Zambrano, nos brinda un silencio que es un antídoto para el ruido que nos rodea. Nos procura un estado placentero similar al de la meditación y nos aporta los mismos beneficios que la relajación profunda. Al abrir un libro compartimos con la vida su esencia ambigua y polifacética. Y esto nos gusta a 12 personas durante 4 años en Cevico de la Torre. Ahora nos enteramos que se llama taller de biblioterapia ¡casi nada!

Tienen rostro y nombre

Tirso Castrillo

470 inmigrantes han llegado a Cartagena en los últimos días en 47 pateras. 1.117 han llegado a Murcia en lo que va de año. Hace unos días el ministro del interior informaba que han entrado este año en España por las distintas localidades fronterizas casi un 40% más que en 2016. Datos, cifras, estadísticas, como si los que vienen de otros países fueran cabezas de ganado o cifras económicas. Estos son los que llegan ¿y los que se quedan en la travesía, dónde están, cuántos son, quiénes son?
Hace unos días una noticia de un periódico alemán publicó una lista en la que indicó que 33.293 personas murieron en su intento de emigrar hacia Europa de 1993 a mayo de este año. La lista, publicada el jueves por el diario Der Tagesspiegel, cubrió 46 páginas del periódico e incluía los nombres, edades y países de origen -cuando la información estaba disponible- así como la causas y fechas de deceso.
Agradecemos vivamente el trabajo de investigación de este periódico porque ha desenterrado a los muertos, les ha puesto encima de nuestra mesa y nos ha hecho caer en la cuenta de que estamos ante un drama increíble, donde una multitud ingente de hombres, mujeres y niños, con nombres concretos, con una familia detrás, con unos problemas gravísimos, con unas aspiraciones concretas, con un futuro por delante han perdido la vida, buscando la comida o la libertad para ellos y los suyos. No son números ni cifras, tienen identidad, son personas, son hijos de Dios.
Muchas veces el Papa Francisco nos invita a poner nuestra mirada en aquellos rostros que "escapan de la miseria extrema, al no poder alimentar a sus familias ni tener acceso a la atención médica y a la educación, de la degradación, porque no tienen ninguna perspectiva de progreso, o de los cambios climáticos y las condiciones climáticas extremas". Rezamos por los muertos y acogemos a los que han llegado.

Térmica de Velilla

Esto no es política

Juan Francisco Rojo

Resulta que ahora nos rasgamos las vestiduras por la crónica de una muerte anunciada. Los grandes partidos comienzan su postureo después de una política errática en materia energética. Es como si no supiéramos que la amenaza de cierre se cernía sobre la Térmica de Velilla.  
Y a estas alturas cabría preguntarse: ¿Para qué han servido los fondos mineros, los MINER? En todo el país 25.000 millones de euros desde 1990 sin contar prejubilaciones. ¿Qué hemos logrado con ese dinero? ¿Dónde están los parques tecnológicos, las empresas alternativas que se anunciaron en la búsqueda de nuevos nichos de empleo? ¿Quién ha controlado el gasto en Castilla y León? En Asturias se descubrió fraude en el manejo de los fondos. En nuestra comunidad no se ha abierto ni un solo proceso de investigación. Y sin embargo, es público y notorio que gran parte de ese dinero no se han empleado para la reconversión de unas zonas que se desangran, que van camino de la desertización.  
Nos hemos gastado los fondos en obras como un nuevo ayuntamiento y auditorio para Guardo y fuimos incapaces de acabar unos trabajos cuyo precio es un dislate. Ahora la Junta tiene que retomar las obras porque una programación chapucera provocó que el convenio del Plan Miner expirara antes de acabarlas. Guardo tendrá su ayuntamiento y auditorio, flamantes. Y quién sabe si en unos años se queda en un ayuntamiento sin habitantes por unos gestores inútiles y miopes que no entendieron que la prioridad era reindustrializar la zona, principal objetivo de los fondos mineros que se ha quedado en agua de borrajas, en decepción, en promesas incumplidas, en corrupción en algunos casos como el de Asturias… la mala política, la mala praxis como ejemplo de nuestros gestores que son unos trileros.  
La Junta firmaba en 2010 el convenio para la construcción de la fallida variante de Guardo por 25 millones de euros. Proyecto faraónico para facilitar la movilidad en el eje Subcantábrico, se decía. Más dinero público dilapidado y nadie sin dimitir. Los farsantes, los que prometieron reconvertir las cuencas mineras se llevan las manos a la cabeza. Anuncian acciones y medidas. Todo de cara a la galería. Brindis al sol. Política de baratillo. Corrupción sindical e incapacidad política. Eso han sido en muchos casos los fondos Miner. Esto no es política. Es basura.

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