Bajo el lema "No es país para jóvenes pero nos quedamos para transformarlo", la JOC cierra su Consejo General con llamadas a "una sociedad más humana".

Entre los días 6 – 10 de diciembre, 120 jóvenes de la Juventud Obrera Cristiana (JOC) celebraron, en Canarias, en su 48 Consejo General. Sólo desde el evangelio y el amor por los jóvenes se puede entender que estos jóvenes pasasen el acueducto de la Constitución dedicados a reflexionar sobre los retos que la situación actual de los jóvenes está demando a la Iglesia y al propio Movimiento.

Tres desafíos desean afrontar en los próximos años:
1. Implicarnos e implicar a otros jóvenes con los que compartimos la vida –trabajo, estudio, colectivos, familia, barrio- para hacer juntos un mundo más justo y más humano.
2. Crecer en un estilo de vida responsable, justo y sostenible con el planeta y con los empobrecidos. La mirada de la JOC nace de la vida, contempla la situación de los empobrecidos y de nuestra madre tierra, y nos lleva a vivir con un estilo de vida sencillo, austero,  no consumista, en solidaridad con los pobres y con la tierra.
3. Crecer en una experiencia cotidiana de encuentro con el Dios de Jesús, una experiencia que parta de la vida y envuelva y dinamice nuestro compromiso y estilo de vida; desde el convencimiento de que dejarnos mirar y querer por Dios es la raíz en la que se sustenta nuestro ser y quehacer.
Esta es la manera que tiene la JOC de hacer la RE-EVOLUCIÓN en el siglo XXI.

Por Eduardo de la Hera

El ensayista y novelista italiano, Umberto Eco, publicó, en el 2012, un ensayo titulado “Construir al enemigo”, en el que explicaba la importancia que tiene contar en la vida con uno o varios enemigos. Decía don Umberto que tener un enemigo es importante, no solo para definir la propia identidad, sino también para tener alguien con el cual medir nuestro propio sistema de valores y así tenerlo todo ideológicamente más claro. Por lo tanto, cuando el enemigo no existe, es preciso construirlo y hasta inventarlo. Y para eso pueden servirnos las “redes sociales”, donde abundan insultos y enemigos a la carta.
 En la era de la “posverdad”, se difunden noticias falsas o se ponen en circulación “medias verdades” (que a veces son peores que mentiras) y es así como se van construyendo supuestos enemigos a un lado y otro de esas tontas empalizadas partidistas que todos nos fabricamos con ayuda de la propaganda. Visto lo visto, parece que la fórmula funciona.
La propaganda, como digo, no entiende de matices. Nos vende la historia que nos cuenta, simplificada, y las personas implicadas en ella en uno u otro campo de la contienda. Y, como ocurre en el fútbol, deporte de masas por antonomasia, enseguida se desencadenan pasiones, enemigos y peleas. La cosa es construirse un enemigo para andar entretenidos y ocupados en abatirlo a “tiro limpio”.  O, por mejor decir, “a tiro sucio”.

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