Hacia una educación liberadora

Cristianisme i Justicia. Papeles, nº 205

Si otro mundo es posible, nos hacen fal­ta herramientas
que lo hagan posible y la educación, sin duda alguna, es la principal.

Una educación sometida a los ídolos del sistema
Somos conscientes de que la realidad de partida es dura, difícil y a veces desalentadora. Lo es en relación a la educación misma, en la que los criterios mercantilistas parecen ir ganando terreno. Ni la escuela ni la educa­ción son ajenas a un mundo donde el capita­lismo parece haber colonizado todos los es­pacios de la vida. El relato que se impone en lo que respecta al modelo económico y de consumo, a los valores y criterios de éxito y realización personal, ha invadido también el ámbito educativo.
Este contexto acaba afectando a la mis­ma condición y trabajo del docente, a su libertad y vocación. Un trabajo tan alto y tan noble queda enzarzado en un circuito de condicionantes tan grande que acaban convirtiendo al maestro o maestra en me­ros “gestores” de expectativas: las de las familias que quieren lo mejor para sus hi­jos; las de la propia sociedad ordenadas en base a un sistema de valores muy concre­tos.


La propuesta de una educación transformadora y liberadora
Porque creemos en la posibilidad de una educación transformadora y liberadora, nos atrevemos a hacer unas propuestas que pue­dan ayudar a abrir el debate y la reflexión:

  • Despertar en los alumnos la conscien­cia y el compromiso con el bien común. En los temas sociales, hay que pasar de las respuestas y los enfoques asistenciales a atrevernos a abordar los orígenes de las desigualdades en nuestra sociedad. Esto implica un análisis de la realidad social que tenga en cuenta no solo las consecuencias sino que afronte las causas y que despierte en los alumnos un espíritu crítico e interpe­lante que no olvide la dimensión política.
  • Hacer de la escuela un verdadero es­pacio de integración. La escuela y el siste­ma educativo, en general, no pueden ser un lugar que incremente, reproduzca o dé por normalizadas las desigualdades o donde la diversidad sea vista como un “problema”. En la escuela hay que trabajar activamente por la cohesión y la igualdad de nuestra so­ciedad, y más cuando esta está gravemente amenazada por múltiples líneas de fractura.
  • Educar para una vida plena y una ma­yor consciencia planetaria. Seguimos pen­sando que la educación en valores es un ele­mento básico que tendría que guiar nuestra acción educativa. Cuando nos compro­metemos de verdad con la transmisión de valores como la sobriedad, el decrecimien­to, el compromiso, la humildad… valores que están en la base de una vida plena, es­tamos transmitiendo a la vez unos valores alternativos a los que imperan en nuestra sociedad.
  • Una educación no solo condicionada por criterios económicos. Una educación transformadora no puede dejar que todo su trabajo docente esté guia­do por criterios puramente económicos que no hacen sino realzar los valores de la competitividad y el éxito personal que están precisamente en la base de la enfermedad de nuestro sistema.
  • Recuperar el rol ético del maestro. La mayoría somos educadores por una voca­ción de servicio a nuestros alumnos y tam­bién a sus familias, a fin de cuentas una vo­cación de servicio a toda la sociedad.
    El maestro es un elemento esencial en el sistema educativo. Devolverle su rol de libertad y autoridad es básico para hacer del aula un territorio de libertad y creatividad. Hace falta recuperar la autoestima y el orgullo de ser maestro.
  • Recuperar el placer del conocimien­to por el conocimiento. No puede ser que todo en nuestra vida sea allanado por el uti­litarismo. La educación necesita un tiempo y unos espacios que no pueden ser con­dicionados e intervenidos continuamente por factores externos al hecho educativo.


Nuevas y antiguas herramientas para afrontar el reto
Pero, para llevar a cabo estos planteamien­tos, ¿qué necesitamos, con qué herramien­tas contamos?

  • Una teología y una espiritualidad li­beradoras. Como creyentes necesitamos una teología y una espiritualidad que denuncien la idolatría al dinero, la idolatría a los mercados y que clamen por volver a poner a la persona y a la naturaleza en el centro de todo.
  • Unos modelos pedagógicos que han supuesto grietas en el muro del sistema y que han abierto nuevas perspectivas. Tenemos que beber de testimonios personales o colectivos que han abierto caminos de libe­ración. A todos nos vienen a la cabeza maestros anónimos que desde su trabajo diario han abierto las puertas al futuro de alumnos, niños y jóve­nes, que partían de situaciones sociales y familiares muy desfavorecidas.  
  • Unos alumnos sensibles a la verdad y anhelantes de libertad. Somos muchas veces auténticas matronas de todo el potencial encerrado en nuestros alumnos. El reto de una educación transformadora se nutre del profundo deseo de toda persona humana de crecer y de llevar una vida de plenitud.

Recibe Utopía

Apúntate y recibe la revista Utopía en tu correo.

Free Joomla! template by Age Themes