Francisco

Conmovidos por la alegría del don,
pequeño Niño de Belén,
te pedimos que tu llanto
despierte nuestra indiferencia,
y abra nuestros ojos ante el que sufre.

Que tu ternura
despierte nuestra sensibilidad
y nos mueva a sabernos invitados
a reconocerte en todos aquellos
que llegan a nuestras ciudades,
a nuestras historias,
a nuestras vidas.

Que tu ternura revolucionaria
nos convenza a sentirnos invitados,
a hacernos cargo de la esperanza
y de la ternura de nuestros pueblos.

 

“José se levantó de noche,
tomó al niño y a su madre
y partió con ellos
camino de Egipto”

(Mt 2,14)

 

“En los pasos de José y María
vemos las huellas de familias
enteras que hoy
son expulsados
de su tierra.

En muchos casos, esa marcha
tiene sólo un nombre:
sobrevivencia.
Sobrevivir a los Herodes
de turno que para imponer
su poder y acrecentar
sus riquezas no tienen
ningún problema
en cobrar sangre inocente”.

(Papa Francisco)

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