Trabajo decente y fin de la precariedad, una tarea urgente

Iglesia por el Trabajo Decente

El pasado 7 de octubre celebrábamos la Jornada Mundial por el Trabajo Decente. Organizaciones cristianas (Cáritas, Justicia y Paz, CONFER, HOAC, JOC y JEC) reclamaban y reclaman un trabajo decente. Esta reivindicación se inscribe en el camino abierto por la Iglesia a través de la Doctrina Social, de la primacía de la persona sobre el capital. Recordamos cómo, el 24 de junio de 2014, el papa Francisco decía: “¡Cuánto me gustaría ver a todos con un trabajo decente! Es algo esencial a la dignidad humana”.  


¿Qué es lo que hace “decente” a un trabajo?  
El trabajo decente, que forma parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, es un elemento imprescindible para la justicia social y la cohesión de toda la humanidad. Un trabajo decente requiere:
1. un salario mínimo vital.
2. libertad para la asociación sindical.
3. que los trabajadores participen en los asuntos de la empresa.
4. que se respete la negociación colectiva.
5. que se respeten los convenios.
6. la igualdad de trato entre las personas.
7. la salud y la seguridad en el ámbito laboral.
8. la protección social de los trabajadores y de las personas que estos tengan a su cargo.
9. la protección contra el despido.
10. el acceso a la formación y el aprendizaje permanente.
11. el equilibrio entre la vida personal y la vida laboral.”

El trabajo precario en España
En España estamos asistiendo a un crecimiento del trabajo precario, que se presenta bajo las formas de la contratación temporal, la contratación a tiempo parcial y el empleo autónomo ficticio.
El empleo precario afecta principalmente a las personas más vulnerables, que corren riesgo de discriminación, pobreza y exclusión (personas con capacidad funcional diversa; personas con un origen étnico, religión o creencia minoritaria; personas jóvenes y mujeres).
La juventud se ve particularmente afectada por el trabajo no voluntario a tiempo parcial, el empleo autónomo ficticio y el trabajo no declarado. Un buen número de jóvenes está abandonando España en busca de mejores oportunidades de empleo.

Reivindicaciones
La lucha contra la precariedad y por el trabajo decente nos exige y nos lleva a reclamar:
Luchar contra el trabajo no declarado, la economía informal, el fraude fiscal y los paraísos fiscales.
Reivindicar y trabajar por el  establecimiento de una sólida base jurídica de derechos laborales, la implicación de los interlocutores sociales y los comités de empresa en el lugar de trabajo y el reforzamiento de la inspección laboral y de la jurisdicción social.
Apostar por la creación de empleo de calidad, garantizar los derechos en el trabajo, la protección social y el diálogo social así como la igualdad.
Fijar salarios e ingresos dignos y suficientes. Quienes trabajan deberían poder acumular, con sus cotizaciones, ingresos que garanticen una seguridad en situaciones como el desempleo, la enfermedad, la edad avanzada o las pausas en la vida laboral para el cuidado de hijos u otras personas o para la formación.
Establecer una Garantía de Capacidades que permita apoyar trayectorias profesionales que posibiliten la adaptación a las diferentes situaciones que una persona puede verse obligada a afrontar durante su vida a través, en particular, de la formación profesional permanente.
Garantizar la igualdad de remuneración entre hombres y mujeres mediante una respuesta global dirigida a reducir el trabajo precario y una cobertura adecuada de seguridad social. Se debe combatir la discriminación contra la mujer, la brecha salarial, el techo de cristal, el acoso psicológico y el acoso a las empleadas embarazadas.
Apostar por condiciones de trabajo dignas para todas las primeras oportunidades de experiencia laboral de jóvenes, como períodos de prácticas, de aprendizaje o cualquier oportunidad en el marco de la Garantía Juvenil.
Incrementar la inversión pública y privada que conecte los mercados financieros con los mercados productivos.
Acompañar a las personas en situaciones donde la ausencia del trabajo decente provoca inestabilidad, sufrimiento y falta de horizontes vitales, propiciando respuestas individuales y colectivas que alumbren caminos de esperanza.

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