El Consejo Diocesano de Pastoral de Palencia, en el que está representada toda la Diócesis presidida por el Obispo: seglares, religiosos/as y sacerdotes, ha aprobado el día 14 de este mes de octubre el Plan Diocesano, que va a ser la hoja de ruta del trabajo pastoral de esta comunidad eclesial durante el periodo 2017-2022.

 

Ha sido una rica experiencia de trabajo comunitario. Una comisión representativa de la Iglesia diocesana ha venido trabajando desde las aportaciones que todas las zonas pastorales y grupos de la Diócesis realizaron el curso pasado. A partir de esta participación han elaborado una propuesta que finalmente ha sido trabajada y reflexionada en distintos espacios diocesanos.
Desde las palabras del Papa Francisco en su escrito programático “La alegría del Evangelio”: “Salir, caminar y sembrar siempre de nuevo”, apuesta por una palabra y una experiencia clave: el ENCUENTRO. “Queremos ser una comunidad diocesana que se configura y se manifiesta con el rostro y los rasgos del encuentro: nace del encuentro con Jesús; crece, se amasa, se recrea en el encuentro; se hace lugar de encuentro; sale al encuentro; celebra el encuentro; e invita al encuentro”. Ahora ya, manos a la obra para seguir caminando con este proyecto de ser “Iglesia del encuentro”.

Por Javier Velasco

“We, the people…” (nosotros, el pueblo) así comienza la Constitución americana, la primera constitución más o menos democrática de la historia moderna. Con la crisis asistimos al florecimiento de los “nosotros” excluyentes. Cuando el nosotros no busca incluir sino que se define por exclusión (contra los de fuera, contra los diferentes…) y todo ello en una atmósfera de victimización (nos roban, nos quitan el trabajo, nos engañan). El brexit, el “America first” de Trump, Le Pen, etc.  
Lo curioso es que la democracia no tiene un antídoto contra el nosotros excluyente porque la democracia funciona una vez se ha definido ese nosotros, eso que los griegos llamaban el demos (el pueblo). Por lo tanto, no estamos ante un problema de la democracia (como sistema de representación), sino ante una disyuntiva más profunda. ¿A qué tipo de “nosotros” queremos pertenecer? ¿Al qué se define por una raza, por una religión, por un nivel de vida, por un territorio?
La historia muestra que la prosperidad y la paz son fruto de construir “nosotros” incluyentes e integradores. De hecho problemas bastante acuciantes como la crisis ecológica o el control de los mercados financieros nos están planteando la necesidad de pensar en términos de  nosotros=humanidad.
La Unión Europea o en cierta medida el proceso de globalización son proyectos de integración sin duda con muchas deficiencias y limitaciones. Antes de liquidar estos intentos quizá deberíamos pensar en cómo reconducirlos.

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